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Captación y atención

El curioso no es tu problema. Lo que te cuesta atenderlo, sí.

Por Miguel — fundador de INMOBLE · Publicado el

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La mayoría de los mensajes que contesta una inmobiliaria no van a comprar. Te explicamos, sin humo, cuánto tiempo real se va en curiosos por WhatsApp y cómo calcular el tuyo.

Persona dormida a las 23:47 mientras entra un WhatsApp preguntando si sigue disponible el departamento, y un asesor inmobiliario agobiado atendiendo llamadas al día siguiente

Son las nueve de la noche de un sábado. Abres el WhatsApp del trabajo. 23 mensajes.

Los cuentas. Uno pregunta si el depa de la foto acepta mascotas. Otro quiere saber "el precio más bajito". Tres preguntan por un inmueble que se vendió hace un mes y no has bajado del portal. Uno pide fotos de la cocina. Otro nada más escribió "info". Y en algún lugar de esos 23, escondido, hay uno —uno— que de verdad tiene el dinero, la urgencia y la decisión de comprar este mes.

El problema no es que te escriban. El problema es que para encontrar a ese uno, te vas a tragar los otros 22.

El curioso no es el enemigo

Vamos a quitar una idea de en medio antes de seguir, porque es importante: el curioso no es malo. El que pregunta el precio y desaparece, el que pide fotos y no vuelve, el que "nada más está viendo" — todos son parte del juego. Siempre lo han sido. En cualquier negocio que vende algo caro, la mayoría de los que preguntan no compran. Es física del embudo, no mala suerte.

El error no es tener curiosos. El error es atenderlos como si cada uno fuera el bueno. Porque tú no sabes, cuando llega el mensaje, cuál de los 23 es el que compra. Así que los tratas a todos igual: contestas, mandas fotos, respondes el "¿y qué tal la zona?", esperas. Y ese tiempo —el que gastas siendo amable con quien nunca iba a comprar— es tiempo que no le estás dando al que sí.

Peor todavía: el que sí va en serio, el bueno, también escribió a otras cuatro inmobiliarias. Y no espera. Mientras tú le mandas por decimoquinta vez la ficha de un departamento a alguien que "nada más andaba viendo", el bueno ya recibió respuesta de otro y agendó visita.

No perdiste al curioso. Al curioso no había nada que perder. Perdiste al bueno mientras atendías al curioso.

Y si la mayor parte de tus consultas entra por portales, la carrera es todavía más corta: ahí no gana el mejor asesor, gana el que contesta primero. Lo desarrollamos con los leads de portales en la verdad incómoda sobre tus leads de Inmuebles24.

Hagamos la cuenta, porque duele más con números

Vamos a ponerle cifras, sin exagerar. Di que te llegan 15 consultas al día. Es un número normal para una inmobiliaria activa con un par de portales.

De esas 15, siendo generosos, 3 o 4 van en serio. El resto —11, 12— son ruido: precio, disponibilidad, "¿sigue disponible?", curiosos, gente que se equivocó de anuncio.

Cada consulta, entre que la lees, entiendes qué quiere, contestas, te vuelve a escribir y cierras el ida y vuelta, te come unos 5 minutos. A veces menos, a veces mucho más, pero pongamos 5.

15 consultas × 5 minutos = 75 minutos al día. Multiplícalo por 6 días. Por 4 semanas y pico. Te salen más de 30 horas al mes contestando WhatsApp.

Y aquí está el golpe: como dos tercios de esas consultas eran ruido, 20 de esas 30 horas se fueron en gente que nunca iba a comprar. Veinte horas. Media semana laboral. Cada mes. En curiosos.

No es un problema de que le eches pocas ganas. Es un problema de aritmética. Y la aritmética no se arregla con ganas, se arregla cambiando el sistema.

(Si quieres el número exacto para tu caso —tus consultas, tus minutos, tu porcentaje de ruido— hay una calculadora al final. Mete tus cifras y sale el tuyo.)

Filtrar sin espantar: ahí está el truco

La respuesta fácil sería "pues no contestes a los curiosos". Mala idea. Porque no sabes cuál es cuál hasta que preguntas, y si dejas de contestar, el que se pierde es el bueno.

La respuesta de verdad es otra: filtrar rápido y sin que se note. Hacerle a cada quien las cuatro preguntas que separan al que compra del que ve aparadores —qué busca, en qué zona, cuánto quiere invertir, para cuándo— y hacerlas al instante, no a las tres horas cuando ya se fue con otro. Al curioso esas preguntas lo despiden solitas. Al bueno lo enganchan.

El problema es que tú eres una persona. Con un celular. Y no puedes hacerle esas cuatro preguntas a 15 personas al día, al instante, a cualquier hora, sin que se te vaya la vida en ello. Nadie puede. Por eso las 20 horas.

Aquí es donde un sistema que conteste por ti —al instante, con tus preguntas, a las once de la noche— deja de ser un lujo y se vuelve pura matemática. No para reemplazarte: para que cuando tú te sientes a trabajar, ya no tengas 23 mensajes sino los 3 que valen la pena, calificados y listos. El curioso ya fue atendido y despedido con amabilidad. El bueno ya está esperándote calientito.

Eso es lo que hace INMOBLE: contesta tu WhatsApp al instante, califica, y te pasa solo al que va en serio. Pero no me creas a mí.

Saca tu número

Antes de creerle a nadie —a mí el primero—, saca tu propia cuenta. Cuántas consultas al día, cuántos minutos por cada una, qué parte es ruido. Calcula cuánto tiempo pierdes al mes con la calculadora y decide tú si esas horas valen la pena o no.

El curioso va a seguir escribiendo. Eso no lo cambia nadie. Lo que sí puedes cambiar es cuánto te cuesta atenderlo.

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